El dentista
La esposa de un dentista aconsejaba a su marido que cobrara al dinero que hacía tiempo le adeudaba un artista famoso.
-¿por qué no vas a verle –le decía- y, con cierta diplomacia, le pides que te abone algo a cuenta?
Al volver a casa aquella noche, su mujer le preguntó:
-¿te pago?
-Ni un céntimo –confesó el dentista-. Y, lo que es peor, me insultó, me gritó… ¡Y me enseñó mis propios dientes!